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Actualidad Educativa

13/03/2018

La señorita Bárbara fue "La Maestra", y la distinguía su modo de enseñar

Hermoso texto de alumnos y alumnas a quienes educó y formó en las aulas

La señorita Bárbara fue "La Maestra", y la distinguía su modo de enseñar

Con mis compañeros cursábamos la primaria en la Escuela Nº 18 del D.E. Nº 13 de la CABA, en el turno mañana, cuando en el año 1966 soplaron brisas de cambio sobre nosotros: la tuvimos como maestra. Muchos alumnos y padres de la escuela la reconocían por sus singulares formas.

A la señorita Bárbara Cabello la distinguía su modo de enseñar, trasmitir, explicar, sentir, y su destacado vestir elegante, con blusas de “Marilú Bragance”, y su guardapolvo impecable se complementaban con sus incipientes canas. No sólo estaba formada con las últimas teorías en educación como Piaget, sino también hacía uso de su mimeógrafo hogareño para que no usáramos manual, ya que ella nos traía para todos mimeografiados ilustraciones de los temas que teníamos que aprender con los personajes de Pepito y Pelusa. Fue “¡La Maestra!”. Su preocupación para que aprendiéramos era total, y algunos de nosotros tuvimos su apoyo especial en su casa, acompañado de una merienda feliz. Era la que al llegar un alumno a la escuela hacía lo necesario para que nunca nadie se sintiera como “el nuevo o la nueva”. Estimulaba el logro o la respuesta correcta con el aplauso, sorprendiéndonos con el uso tan explícito del estímulo, y asimismo el alcance de su propósito.

Los demás alumnos de la escuela admiraban nuestra aula, pintada de color pastel, el armario con un tirador especial y la repisa con las piedras que nos mostraba, aunque a veces no advertían que todo el espacio estaba a veces impregnado de la poesía de “Platero y yo”, de Juan Ramón Jiménez, o alguna de Francisco Luis Bernárdez.

Ya adultos, nos dimos cuenta lo especial que fue nuestra maestra. Dejó en nuestras almas el respeto por la educación, el ejercicio de la imaginación, el compañerismo entre mujeres y varones, la alegría de permanecer en la escuela –en el aula y en el patio-, la estimulación individual y la de las diferencias. Fortaleció los valores que traíamos de nuestras familias y en algunos casos los imprimió. El tiempo a veces no ha pasado para sentir esa sensación de niños elegidos por la maestra. Posteriormente, tuvimos la dicha de compartir con ella dos años más y ser el grupo de niños más formados y, sin darnos cuenta, con un futuro de mayores conocimientos.

En una sociedad donde no existen premios ni castigos, ella nos enseñó el valor de la aprobación de los logros y es el ejemplo inequívoco de cómo puede afectarse positivamente la autoestima de un niño.

Silvia Garrido, Alcira Fiorini, Julio Muñoz Aníbal Aguirre, Aldo Pocali, Rosa Franco, Marta Matantuono, Lidia Ruth Basack, Patricia Saccomanno, Liliana Pereyra y Marta Noemí de Lio.

EX ALUMNOS DE LA ESCUELA N° 18, D.E. N° 13, CABA.

El comentario

El pizarrón del alma escrito con tiza indeleble

“La seño” Bárbara anda hoy por los 80 años y fue el símbolo de la escuela y la docencia de otros tiempos, cuando los maestros dejaban huella profunda, como se refleja en la carta de hoy. Ella tiene un largo y feliz matrimonio, dos hijos y tres nietos que adora. Fue una docente excepcional y es una persona de enorme sensibilidad. Hace tareas solidarias, se mantiene en contacto con muchas ex alumnas y es activa participante de esta sección. Siempre escribió por y para los demás. En el pizarrón del alma de sus discípulos quedó grabado con tiza indeleble el estímulo, el respeto por la educación y el compañerismo entre mujeres y varones, valores hoy esquivos en tiempos en los que la violencia de género hace estragos.
Quizá, esta carta sople esas brisas de cambio y llame a la reflexión
Mientras tanto, hoy la vida le devuelve a Bárbara este hermoso texto de aquellas alumnas y alumnos de hace más de 50 años a quienes educó y formó en las aulas.

FUENTE: Clarín

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