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Actualidad Educativa

11/02/2020

La emoción de enseñar

La historia del profe de Física Daniel Córdoba, que pasó de la “clandestinidad” a la consagración mundial.

La emoción de enseñar

“Aprender es un acto emocional y enseñar también. Si en una clase uno lleva la pasión y se emociona con los contenidos que da, puede enganchar más a los chicos y ese es uno de los elementos fundamentales que tenemos los docentes: volver a emocionarnos con los contenidos de la misma manera que ellos nos emocionaron la primera vez que nos enganchamos con ellos”.

Las palabras son de Daniel Córdoba. Salteño él, profesor de Física y reconocido a nivel global de una manera muy, pero muy particular. Resulta que a fines de los 80, al profe se le ocurrió dar un curso de Física, los sábados, para pibes que querían participar de las Olimpiadas y quienes quieran acompañarlos. Fue en el secundario de la Universidad Nacional de Salta (UNSA), donde él daba clases.

Arrancaron tres alumnos y se fueron sumando más y más. Pero en 1995, las autoridades universitarias se lo prohibieron. Porque se instalaba “la competencia en el ámbito académico”. “No va con el espíritu institucional”, le dijeron.

Como buen físico, para Córdoba fue un problema con solución. Como él jugaba al fútbol los sábados en la misma universidad y para eso no tenía que pedir permiso, se le ocurrió que también podía dar sus clases en un aula que estaba cerca. Sin permiso, claro.

Boca a boca, el curso llegó a tener más de 200 alumnos que, que cada sábado se levantaban temprano y se quedaban hasta bien tarde haciendo Física. No por la nota, no por obligación. Por el placer y la emoción de aprender.

La “clandestinidad” terminó un día que salió en los medios la historia de un físico salteño del prestigioso Instituto Balseiro (en Bariloche), que dijo haberse formado en el taller de Córdoba. El mundo se enteraba que más de 200 adolescentes se reunían los sábados, sólo por la emoción de aprender. Fin de la prohibición.

El profe Córdoba murió el año pasado. No fue de las noticias más comentados. Ahora quedan sus recuerdos, sus historias y sus “pibes”. Y una enseñanza para todos: docentes o de cualquier otro oficio o profesión. No importan las modas, siempre pasajeras. El éxito estará asomando si uno disfruta lo que hace y transmite su verdadera pasión.

FUENTE: Clarín

 

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