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Actualidad Educativa

03/09/2020

La pandemia y el estado de la educación

Una oportunidad para potenciar la tecnología

La pandemia y el estado de la educación

Columna de opinión de Alejandro Ganimian, profesor de la Universidad de Nueva York.

La pandemia ha resucitado los llamados a aprovechar recientes avances en tecnología para “re imaginar” la educación. Estos llamados no son nuevos. De hecho, se vienen repitiendo desde la invención de la radio, en su mayoría, desde afuera del mundo educativo. Y, a la sorpresa de los educadores, cada llamado parece ignorar los resultados decepcionantes de los anteriores. ¿Por qué repetimos este ciclo?

En parte, porque la desigualdad en el acceso a recursos tecnológicos entre grupos de altos y bajos ingresos se hace cada vez más difícil de ignorar. En parte, porque el “marketing” que impulsa el uso de computadoras y programas educativos ha logrado opacar la evidencia. Y en parte, porque las reformas que resultan populares para los gobiernos no son necesariamente las que tienen mayor impacto en los alumnos.

¿Cómo escapar de esto? Un primer paso es realizar un diagnóstico para: identificar las necesidades educativas que se quieren resolver (mejorar el nivel medio de desempeño estudiantil, reducir brechas o reforzar el aprendizaje de los más rezagados); tomar nota de la infraestructura disponible para adoptar soluciones tecnológicas (electricidad, computadoras e Internet); y entender la capacidad y voluntad de los docentes y alumnos para utilizar la tecnología para fines educativos (usos regulares, creencias sobre su utilidad y necesidad de apoyo).

Mucha de esta información ya fue recaudada en encuestas y evaluaciones. Un segundo paso es familiarizarse con la evidencia sobre los efectos de esfuerzos previos.

La tecnología cuenta con cuatro ventajas comparativas: llevar a escala materiales y estrategias de enseñanza que han atravesado un control de calidad (por ejemplo, a través de clases pregrabadas); expandir las oportunidades de práctica (por medio de ejercicios de práctica); diferenciar la enseñanza (a través de programas inteligentes que ajustan su dificultad en base el nivel y progreso de los estudiantes); aumentar el involucramiento estudiantil (con juegos educativos). Pero el grado en el que la tecnología ha logrado estos objetivos varía por iniciativa, contexto y nivel educativo: es clave entender cómo y por qué.

Un último paso fundamental es pilotear, monitorear y evaluar cualquier innovación que reintroduzca en el sistema educativo antes de llevarla a escala. En particular, es clave entender si se está implementando como se desea, es decir, impactando positivamente en el aprendizaje.

Si no tomamos esta oportunidad en serio, muy pronto vamos a encontrarnos con otro pronunciamiento amnésico del potencial de la tecnología para “revolucionar” la educación. W

FUENTE: Clarín

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