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08/01/2019

Nuevas generaciones: Sustentabilidad

La materia que los chicos enseñan a los grandes

 

Los alumnos de primaria y secundaria que incorporan conocimientos sobre medio ambiente en la escuela, luego los transmiten en sus casas.

A primera vista parecen simplemente alumnos. No importa si son de nivel primario o secundario: dan la sensación de estar en plena incorporación de nuevos conocimientos. Sin embargo, pertenecer a una generación que se encontró con programas pedagógicos que tienen cada vez más contenidos vinculados al cuidado del medio ambiente y a la sustentabilidad los hace cumplir una función central en sus casas: en muchos casos, son quienes llevan esos conocimientos a sus familias.

Es el caso, por ejemplo, de los chicos de la escuela primaria “República Oriental del Uruguay”, ubicada justo donde Flores está por convertirse en Parque Chacabuco. Esos conocimientos llegan, entre otras maneras, a través de una charla que educadores ambientales dieron a a los alumnos de cuarto, quinto y sexto grado. La timidez deja lugar a la participación de los alumnos. La mayoría aceptó el desafío de responder preguntas como: cuánto tarda una botella de plástico en desintegrarse en la tierra, entre otras.

“Una de las cosas más importantes que aprendí en la charla es que todo lo que hacemos puede hacer mal al medio ambiente. Por ahí vos pensás que tirás un envoltorio y no es nada, pero eso hace que millones tiren un envoltorio al piso, y eso daña, aunque no nos demos cuenta”, dice Heily Cruz, que cursa quinto grado en esta escuela. “Es algo que le puedo enseñar a mi hermanito, y también lo que nos enseñan sobre cómo separar la basura”, cuenta. Durante la charla, los educadores les explicaron qué residuos pueden reciclarse -y por lo tanto pueden ir al tacho verde que hay en la escuela y también separarse en sus casas- y cuáles no.

Lara Paggi, de sexto, también participó de la charla. “Creo que en estos temas pueden empezar a escucharnos sin esperar a que seamos grandes sino ahora mismo. También nuestros papás”, sostiene. El dato de que una botella plástica tarda 4.000 años en biodegradarse fue de lo que más le impresionó durante un debate. Y aprendió que lo más importante para cuidar el medio ambiente es reducir el consumo de algunos recursos, reutilizar determinados materiales y reciclar aquellos que no pueden reutilizarse.

"Estas charlas sirven para que los chicos se concienticen y también para que se apropien del espacio de la escuela, que sepan y aprovechen que hay tachos de basura diferenciados, y se involucren con el proyecto de Escuelas Verdes”, reflexiona Sabrina Schembari, maestra de cuarto grado. Lo más importante, dice, “es que se llevan estos aprendizajes a casa y los hacen perdurar en el tiempo”.

Ese objetivo, el de generar una transformación que perdure en el tiempo, es también el de un grupo de alumnos de la Escuela Técnica Nº17 “Cornelio Saavedra” de Parque Avellaneda. Para eso, convirtieron el fondo de tierra del edificio en el que se improvisaba un depósito en huertas hidropónicas.

"Tenemos distintas formas de la hidroponía. Hay, por ejemplo, recipientes grandes de telgopor que conseguimos de las pescaderías ya que ahí reciben el pescado y después los descartan. Ahí ponemos agua con nutrientes, y sobre la tapa del recipiente, hacemos agujeros y metemos potes de queso blanco o dulce de leche en los que sembramos alguna semilla. Esos potes tienen un orificio por el que la raíz de la planta tiene acceso al agua del recipiente grande”, explica Santiago Arlandini, alumno de quinto año.

“También tenemos un invernadero en el que hemos sembrado dentro de tubos de PVC por los que hacemos correr agua. Y en ese mismo invernadero, hay recipientes en los que estamos perfeccionando un sistema de riego por goteo”, explica Federico Serra, compañero de Santiago. De eso, de perfeccionar el funcionamiento de la huerta, se trata el proyecto de estos alumnos y de Oscar Fernández, el profesor a cargo del Taller de Electrónica.

“Vamos a trabajar en un sensor que contemple cuál es el nivel de resistencia de la tierra de los recipientes. Cuando aumente la resistencia, será porque a la tierra le falta agua, entonces a través de una programación automatizada, ordenaremos que haya riego”, afirma Federico. Ese no es el único sensor que tienen en mente para hacer de su huerta un proyecto que funcione con eficiencia: “También vamos a desarrollar un sistema para monitorear temperatura y humedad del ambiente”, agrega Santiago.

Es el docente quien pone en palabras el objetivo central de este proyecto: “Se trata de que ellos aprendan a investigar qué problemas puede presentar una situación -en este caso, el cambio de temperatura o de humedad, por ejemplo- y a investigar por su propia cuenta cómo solucionarla. A que sepan buscar recursos para innovar. De eso se trata”, define.

En las huertas de la escuela Saavedra, donde antes se apilaban maderas y metales, ahora crecen lechugas, ajíes, cebollas y hierbas aromáticas, entre otros brotes. La energía para que los sensores en los que trabajarán los alumnos funcionen se obtendrán del colector solar que hay allí mismo.

“El trabajo con la huerta tiene dos ventajas: nos concientiza muchísimo sobre el medio ambiente, que tiene recursos naturales finitos, y nos hace tomar conciencia de la importancia que tiene hacer que una tarea sea lo más eficiente posible, para no desperdiciar ni tiempo ni otro tipo de recursos. Son aprendizajes que van más allá de la huerta, que nos puede servir para cualquier trabajo en el futuro y que podemos llevar a nuestras familias”, reflexiona Santiago.

Los alumnos de la escuela se llevan buena parte de la producción de la huerta a sus casas. No es lo único que se llevan: el conocimiento para vivir de forma más sustentable también va con ellos. Como con los chicos de la escuela de Flores, y los de las más de doscientas Escuelas Verdes de toda la Ciudad.

FUENTE: Clarín

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