Acceder

Info al Día

09/07/2020

9 de Julio: Día de la Independencia

Hoy se cumplen 204 años de la Declaración de la Independencia. Los historiadores Hilda Sabato, Noemí Goldman, Gabriel Di Meglio y Cecilia Guerra reviven las tensiones y polémicas del proceso de liberación.

Avanzaba el año 1816 y el territorio de la actual Argentina enfrentaba disputas internas y externas, mientras una prioridad crecía: independizarse, formalmente, de la Corona española. Pero, ¿qué forma de gobierno resultaba más conveniente adoptar? ¿Cuáles serían los límites territoriales? ¿Se centralizaría la administración en Buenos Aires relegando el protagonismo de las provincias? Pocos recuerdan que, en aquellos años, hubo grandes mujeres patriotas excluidas de la lámina escolar del famoso Congreso de Tucumán. ¿Acaso se sabe que el acta de la reunión se escribió en tres idiomas? El 9 de julio de 1816 fue el hito de un largo proceso no exento de debates y tensiones profundas. A 204 años de la Declaración de la Independencia, los historiadores vuelven a contar ese tiempo vibrante.

¿Cuál era el contexto social y político?

La historiadora Hilda Sabato señala un escenario muy difícil para los revolucionarios de toda Hispanoamérica. “Había cambiado radicalmente la situación internacional. Fernando VII había recuperado territorios americanos tomados por los ‘insurgentes’ y para 1816 solo quedaba libre del poder imperial una pequeña porción de las antiguas colonias, que habían sido el Virreinato del Río de la Plata, amenazada por todos los flancos. En simultáneo ese territorio atravesaba graves conflictos internos entre grupos con proyectos diferentes. En 1810, la Revolución de Mayo había terminado con el absolutismo monárquico imperante, instaurando el inicio de soberanía popular como fundamento del poder político. Pero, después de 6 años, aún no se había decidido la forma de gobierno”.
Para la investigadora Noemí Goldman “1815 es crítico para las entonces Provincias Unidas: al caer el director supremo Carlos María de Alvear se inicia una profunda crisis en la elite porteña que parece sin rumbo. La Asamblea de 1813 se paraliza y disuelve. Las fuerzas realistas avanzan por toda América. Belgrano y Rivadavia son enviados a Europa a 'conciliar' con el rey -detalla-. Mientras, José G. Artigas lidera la 'Liga de los Pueblos Libres' (Banda Oriental -hoy Uruguay-, Litoral y Córdoba) con su confederacionismo, opuesto al centralismo porteño. En Cuyo, San Martín sienta su base para organizar una milicia más eficaz ante las tropas realistas, declara la 'independencia provisional' y se separa del gobierno central. En el Alto Perú la derrota de Sipe Sipe en 1815 finaliza la presencia del Ejército del Norte allí, que pasa a los realistas. Los restos de este ejército regresan a Tucumán”.
Cecilia Guerra, directora del Museo de la Independencia tucumano, lugar del Congreso Constituyente del 9 de julio de 1816, suma a esos conflictos “la apremiante situación económica de las provincias, en especial las norteñas”.

¿Quiénes fueron las mujeres patriotas?

La escritora Silvia Miguens confirma los roles clave de Manuela Sáenz y Juana Azurduy en la independencia de la región. “A la par de los libertadores con quienes combatieron, fueron mujeres de armas tomar. Manuela integró el ejército de la Gran Colombia. Juana desde el Alto del virreinato rioplatense, en los conatos de independencia y luego con el Ejército del Norte. Bolívar dijo que esas tierras debían nombrarse Azurduy y no Bolivia. Ambas murieron olvidadas, en la pobreza y el exilio o el destierro. Además, la 'parda María' Remedios del Valle, de origen africano, combatió en Huaqui, vivió la retirada altoperuana y el éxodo jujeño. Belgrano la nombró capitana. Ya retirada, Juan Manuel de Rosas la integró a la plana mayor del Ejército como Sargento Mayor. En agradecimiento, cambió su nombre a Remedios Rosas”.
También aportaron a esta causa las patricias argentinas. “Con Remedios de Escalada y Angelita Castelli, donaron recursos para comprar fusiles. Francisca Bazán de Laguna refaccionó y cedió su casa para celebrar ahí el Congreso de Tucumán”, argumenta Miguens, autora de La gloria eres tú.
Pero las mujeres no participaban en política pública. “Las de elite sabían qué pasaba por escuchar en las tertulias pero no tenían voz ni voto, es poco probable que presenciaran las sesiones; casi no las dejaban salir solas a la calle, sus maridos no las hubieran llevado. Y los sectores populares no tenían entrada a la participación política”, dice Guerra.

¿Por qué Tucumán?

Sabato, autora de Buenos Aires en armas, manifiesta: “Para 1815 había varios frentes de conflicto y figuras influyentes de distintas provincias coincidieron en la urgencia de reunir a representantes de todo el territorio en un congreso que acordara sobre los puntos en disputa. Ante el cuestionamiento creciente a la autoridad central que gobernaba desde Buenos Aires, se decidió que su sede fuera en la provincia de Tucumán: muy bien ubicada y con un gobierno afianzado. Ambas dieron respuesta positiva a la convocatoria junto con Catamarca, Córdoba, Jujuy, La Rioja, Mendoza, Salta, San Juan, San Luis, Santiago del Estero y varias localidades del Alto Perú. Debían elegir representantes por voto popular según el nuevo sistema establecido por el Estatuto de 1815. Entre tanta agitación e incertidumbre costó pero de a poco, los diputados fueron llegando…”.
Guerra suma: “La elección de Tucumán como sede fue bien recibida por los representantes: veían a esta pequeña ciudad comprometida con la guerra y revolución, y segura ante una posible invasión española por el Río de la Plata".

¿Por qué Belgrano propuso elegir un rey inca?

El director del Museo Histórico Nacional, Gabriel Di Meglio, sostiene: “El Congreso de Tucumán tuvo varias sesiones secretas, el 6 de julio Belgrano propone a los diputados como sistema de gobierno una monarquía temperada, parlamentaria, constitucional y no una república. Recién llegaba de Europa, con Napoleón Bonaparte derrotado y las triunfales monarquías absolutas, por eso veían mal la opción republicana. La novedad es que él quiere un rey incaico”.
Fue una “jugada maestra”, apunta el escritor Felipe Pigna. Sumó presión y logró aplazar otras opciones de reinstaurar un rey. “Manuel propone al descendiente inca Juan Bautista Túpac Amaru (hermano del rebelde asesinado en 1780), apresado en una cárcel colonial española en África. Genera el rechazo violento de los diputados porteños y el apoyo de San Martín, Güemes, Laprida, Godoy Cruz y otros congresistas. Los votos no alcanzan, el proyecto se rechaza pero Belgrano logra aplazar los planes monárquicos en el Río de la Plata”.
Goldman, expresa: “Se vislumbraba una posible unión constitucional americana mayor, bajo este tipo de monarquía entre los territorios de América del Sur”. “La fuerza de un posible gobierno monárquico se perdió al trasladarse el congreso a Buenos Aires en 1817 y tomó relevancia el republicano, dividiendo a las ciudades que apoyaban el centralismo de aquellas como las litoraleñas, que luchaban por el federalismo desde la Revolución de Mayo en 1810”, señala Guerra.

¿Tuvo bases verdaderas la leyenda de los "diputruchos"?

"No se excluyeron diputados convocados al Congreso de Tucumán -aclara Goldman-. La Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos, Misiones y Santa Fe decidieron no enviarlos por el enfrentamiento con el gobierno central. El Alto Perú, ocupado por tropas realistas, solo tuvo diputados por Charcas, Chichas y Mizque (actual Bolivia). Paraguay, aunque gobernado de forma autónoma desde 1811, fue invitado a enviarlos pero no lo hizo por considerarse república independiente".
Sabato coincide y amplía: “Al designarse esos diputados altoperuanos desde otras provincias, inspiró a historiadores recientes la anacrónica mención de ‘diputruchos’ ignorando aquello para descontextualizar categorías actuales. Con este elenco, el 9 de julio de 1816 los representantes firmaron el acta de las ‘Provincias Unidas en Sud América’. Es llamativa la ausencia de las provincias del Litoral, que desde la revolución integraban el laxo tejido rioplatense. Además, liderada por Artigas, la ‘Liga de los Pueblos Libres’ con un proyecto propio enfrentó al poder bonaerense, a las autoridades centrales y rechazó sumarse al congreso”.

¿Cuánto duraron las deliberaciones?

Es curioso que la declaración independentista fue el día 9, pero su jura, el 21 de julio en sesión secreta. Cecilia Guerra, subraya: “Según los temas a tratar en las sesiones, el presidente y secretarios convocaban a reuniones ordinarias, extraordinarias o secretas. Las primeras, de mañana; extraordinarias, a la tarde y secretas, por la noche. El 9 de julio la sesión fue ordinaria y bastante público la escuchó desde afuera del recinto: duró unas 9 horas entre acalorados y sentidos debates”, completa.

¿El acta no solo se escribió en castellano?

“El documento del 9 de julio mencionaba ‘romper’ con cualquier rey español para crear un país independiente: era lo fundamental. Pero ante el rumor y para evitar la acusación de los opositores al Congreso de ser ‘entreguista’, el 19 de julio se agrega: “Y de toda otra dominación extranjera”, cuenta Di Meglio.
Goldman explica: “El acta se tradujo al quechua y aimara como se hizo con otras declaraciones para llegar a los pueblos indígenas del Alto Perú, Misiones y Paraguay. La particularidad es que no se traduce al guaraní por el enfrentamiento de Buenos Aires con la Liga de los Pueblos Libres. El original se extravió al trasladarlo a Buenos Aires pero su copia manuscrita se exhibe en la sala de la jura del Museo Casa Histórica de Tucumán”. La autora de Mariano Moreno expone que esa “Declaración de la Independencia se realizó en nombre de las Provincias Unidas de Sud América, con este cambio de nombre -reemplazaron Río de la Plata por Sud América- se aspiraba a dar un mensaje alentador a los pueblos de América del Sur ante la inminente campaña militar a Chile de San Martín”.

¿Cuándo comenzaron los largos debates?

Según Goldman, el Congreso General Constituyente inició sus sesiones el 24 de marzo de 1816 en Tucumán “con ceremonias y cierta pompa”. “En la casa que había pertenecido al comerciante español Miguel Laguna, casado con Francisca Bazán, se estableció ‘la barra’ para la concurrencia y se dispuso que algunas de las sesiones serían reservadas y otras públicas para afirmar la legitimidad del Congreso. El pueblo de Tucumán presenció con asiduidad las sesiones desde el patio”, añade.

¿Casita de Tucumán?

Cuenta la leyenda sobre el actual Museo de la Independencia -Monumento Histórico Nacional desde 1941- que los tucumanos odian el mote “casita”, de origen incierto. “Inferimos que ese término surgió al derrumbarse la casa, salvo el salón de la Declaración de la Independencia -resguardado por el templete-, y al construirse un edificio. La molestia de los tucumanos se vincula a considerarlo despectivo y que su extensión, no condice con una ‘casita’. Un mito: sus puertas nunca fueron verdes ni sus paredes, amarillas: eran blancas (pintura a la cal) y para el congreso el gobernador de Tucumán, Bernabé Aráoz encargó pintarlas de azul de Prusia (colores patrios), como están ahora. Sabemos sus colores originales por las investigaciones del arquitecto Juan Carlos Marinsalda”, concluye Guerra.

FUENTE: Clarín