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Notas

BIOLOGIA: EL REINO DE LOS ABISMOS

Prof. Iris Taboada - Prof. Mariana Collado

Una de las mayores sorpresas que se llevaron los primeros investigadores que tocaron el fondo de la fosa de las Marianas, a unos 11.000 metros de profundidad, fue divisar, a la luz de los proyectores de su batiscafo "Triestre", a un pez que se parecía un tanto a un lenguado.

El abismo marino es la parte más profunda del mar. Aquí, el mar es completamente oscuro y muy frío. El peso del agua ejerce una tremenda presión, no hay plantas. Sin embargo hay sonidos y el abismo está poblado por fantásticas criaturas que han desarrollado formas extrañas para sobrevivir. Algunas producen su propia luz.

El pez pescador mide 12,5 cm. de largo y tiene lo que parecería una caña de pescar en su frente. La punta de la "caña" contiene bacterias que resplandecen. La luz actúa como carnada para atraer a otros peces a la boca del pez pescador.

A los animales que producen su propia luz se les llama bioluminiscentes. Por ejemplo, las luciérnagas que vemos en las noches de verano. La luz bioluminiscente proviene de compuestos químicos en el cuerpo del animal.

Un pez linterna adulto mide aproximadamente 5 cm. de largo. A pesar de su tamaño, puede tener hasta 100 luces en su cuerpo. En cada uno de sus lados hay 32 luces y más en su cabeza, espalda y cola.

El pez trípode encarna a otro extraño ciudadano de los fondos: puede descansar sobre el fango sin hundirse. Se sostiene sobre una especie de zancos constituidos por tres prolongaciones de sus aletas. Cuando una presa nada cerca, el pez trípode salta de su lugar de descanso y la atrapa.

No sólo criaturas pequeñas habitan las quietas y oscuras aguas de los abismos marinos, también existen algunos animales gigantes. El primer testimonio científico de la existencia de grandes especies se recogió durante una expedición entre 1873-1876, se encontró entonces un pulpo gigante a una profundidad de 2800 metros, en el océano glacial Antártico, y otro más a una profundidad de 4000 metros en el Pacífico Sur.

Pero los reyes de las profundidades siguen siendo los calamares gigantes, de los que ya se han encontrado numerosos fragmentos. Se sabe que se encuentran entre los 800 y 1200 metros de profundidad y que constituyen una de las presas predilectas de los cachalotes, que descienden hasta allí a buscarlos.

Se calcula que estos moluscos superan los 20 metros de longitud (incluidos los tentáculos), con un peso aproximado de 40 toneladas. Son de color rojo a la luz del sol; pero su piel fosforescente emite un resplandor azulado en las oscuridades de los abismos.

Según los científicos, veinticinco años de investigación submarina han aportado más conocimientos sobre nuestro planeta que siglos de navegación sobre la superficie del océano. Esta exploración revela que uno de los más importantes observatorios naturales de los cambios de estructura del planeta y de las condiciones de vida sobre la Tierra es el océano.

Los abismos constituyen una especie de museo viviente de la evolución. Un reino del que todavía resta mucho por descubrir.