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Actualidad Educativa

11/11/2012

TIEMPO DE EXÁMENES: CÓMO SUPERARLOS SIN SUFRIR EN EL INTENTO

TIEMPO DE EXÁMENES: CÓMO SUPERARLOS SIN SUFRIR EN EL INTENTO
"Se me cae el pelo; como pero adelgazo por el estrés, o engordo por la ansiedad; me duelen las piernas y la espalda, me tiemblan las manos y una vez lloré". No se trata de un síndrome o alguna enfermedad. Es lo que siente Cintia (26) antes de rendir un examen. Pese a ello está transitando el último tramo de su carrera universitaria. "También he tenido esa sensación de que justo antes te has olvidado de todo. He expuesto en congresos y no he tenido tantos nervios. Supongo que porque uno sabe que no va a desaprobar o no está siendo evaluado", resume la joven.

No es muy diferente de lo que le sucede a Carolina (33): "El día anterior me descompongo, me duele el estómago y voy mucho al baño. Duermo poco porque me parece que nunca termino de estudiar y antes tengo una especie de taquicardia; una vez le tenía un poco de miedo al profesor y sentí que casi me desmayo antes de entrar".

Es que los exámenes, especialmente los finales o globales, son difíciles de digerir a cualquier edad y en esta época de fin de año son muchos los que, al cansancio, le suman el estrés previo a ellos. En algunos casos, los padres también se suman al "padecimiento" o la angustia que la situación conlleva.

Los especialistas en el tema aseguran que efectivamente es una situación difícil de sobrellevar, aunque con matices, dependiendo del contexto familiar, la estructura de la personalidad y las herramientas con que cuente el alumno.

"No podemos evitar que sea tensionante. Es una instancia en la que me pongo a prueba ante mí y los demás", asegura la psicopedagoga Irene Gervilla, quien sin embargo explica, como aliciente, que la adrenalina que el cuerpo produce en estas situaciones es positiva ya que hace que el cerebro funcione mejor, esté más atento y tenga más memoria.

Síntomas del estrés

Si bien las manifestaciones antes de rendir son amplísimas, entre las más comunes se encuentran el exceso de angustia o de ansiedad, y el debilitamiento o parálisis psicológica que lleva a preparar las materias y nunca rendirlas. "Cuando esto se reitera, empiezan a evitar la situación de examen, que en un caso extremo llega al trastorno de rendimiento académico", detalló la psicóloga Cristina Straniero.

Según las circunstancias, no necesariamente se trata de una evaluación final. Mariana (22), quien está en cuarto año de su carrera universitaria, explicó: "Tengo más problemas con los parciales porque se rinde más seguido y como trabajo tengo poco tiempo para estudiar; los finales uno los puede organizar mejor". Comentó que los primeros años "tenía migraña, dormía mal y estaba cansada todo el día, pero hace poco, antes de rendir, tuve fiebre, diarrea, náuseas y tuve que ir al médico que me dijo que era estrés y me dio 4 días de reposo, que perdí para estudiar".

Por otra parte, también puede haber consecuencias posteriores como gripes, gastroenteritis o alguna otra enfermedad. En caso de desaprobar se puede llegar a sufrir baja de la autoestima y hasta pérdida total de la seguridad, que puede llevar a la deserción.

En algunos casos, cuando el malestar y el temor ante la evaluación es muy fuerte, se puede llegar a un bloqueo que impide recordar lo estudiado o a postergar el momento, es decir, tomar más tiempo del necesario para preparar la materia.

Un aprendizaje

Para la psicóloga Graciela Indovino, un examen no debería ser un hecho traumático sino la continuidad de un proceso de aprendizaje. "Hay una disgregación: es un hecho aparte en el que el alumno se expone al todo o nada; no se percibe como algo propio sino externo. Es como rendir para otro, para los padres o los docentes. Lo viven de manera traumática porque sienten que si allí no demuestran lo que son, no son nada".

Sin embargo, hay que considerar que hay personas más predispuestas que otras a padecer estos trastornos, como aquellas con un alto nivel de autoexigencia, baja autoestima, con problemas en el manejo de la ansiedad, baja tolerancia a la frustración o con padres que otorgan mucho valor a los resultados y les cuesta aceptar el error.

El problema afecta por igual a varones y mujeres, aunque con matices según la edad. Sin embargo, los primeros suelen ser menos apegados a lo escolar y más flexibles, por lo cual pueden llegar a sufrirlo más ellas ya que, en general, son más dedicadas, explicó Gervilla.

FUENTE: Diario Los Andes, Mendoza

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